He mencionado muchas veces ya que soy madre y dado pinceladas aquí y allá de ciertos aspectos de mi vida como mamá, pero algo que nunca hice fue compartir mi proceso para convertirme en madre y he decidido hacer justo eso ahora que estamos en el mes de las madres.

EL CAMINO HACIA EL EMBARAZO

Con respecto a la maternidad hay dos cosas que siempre he tenido claras: Uno, quería ser madre; dos, quería ser madre antes de cumplir los 25.
Puede sonar a locura, pero algo en mí siempre me dijo que mi camino a la maternidad podría complicarse por lo que para mí era de suma importancia convertirme en madre cuando todos los factores jugaran a mi favor y la edad es un factor a tomar en cuenta a la hora de buscar un embarazo.
Mi esposo y yo acordamos desde antes de casarnos que tras nuestra boda esperaríamos exactamente un año para empezar a buscar bebé, ya que queríamos disfrutar de ese primer año de casados solos.
Nosotros nos casamos en junio, por lo que el plan era que yo empezara a tomar ácido fólico el siguiente enero, para así estar lista para empezar a buscar en nuestro primer aniversario de bodas.
Llegó enero y lo cierto es que no empecé con los folatos. No tengo una razón clara de por qué no lo hice pues nuestro plan de empezar a buscar ese junio seguía igual.
Para finales de febrero o inicio de marzo mi hermana resulta estar embarazada y cuando vamos a comprar ácido fólico para ella yo decido empezar a tomar también.
Mi ciclo debo admitir no era muy regular, y por lo general era superior a los 34 días, es otra de las razones por la que intuía mi búsqueda de embarazo podía complicarse.
En los meses siguientes seguí con las vitaminas, cuidando más mi dieta y empecé a hacer ejercicio, aunque esto último no de manera muy regular.
Para Junio, cuando se suponía íbamos a empezar a buscar, mi período no llegó, y hasta llegamos a pensar que no iba a ser necesaria la búsqueda, que ya estaba embarazada. No fue el caso, luego de casi un mes de retraso mi visitante mensual llegó y nuestra busqueda inició oficialmente.
Queríamos tomarnos las cosas con calma, no estresarnos y simplemente dejar que sucediera. Nada de estar viendo calendarios y obsesionarnos con la fecha de ovulación.
Eso funciono por aproximadamente tres meses.
Escuchamos de tantos embarazos por “accidente” que solemos creer erróneamente que quedar embarazadas es algo sumamente fácil. Y aunque yo estaba claro de que no era el caso, uno siempre guarda la esperanza de ser de ese bajo porcentaje que queda embarazada en el primer intento.
Por lo que para octubre ya me estaba impacientando. Empecé a pensar que eso de tomarlo con calma no iba funcionar para mí, en especial porque ahora cada retraso de solo medio día me hacía empezar a albergar esperanzas.
Decidimos empezar a tener más en cuenta la coincidencia de nuestras relaciones y mi fecha de ovulación.
Y les diré que de ahí en adelante todo fue en picada. Porque antes podía escudarme en que no había sucedido porque no estábamos siendo tan proactivos, pero ahora, cuando se suponía estaba cubriendo las bases durante mi período fértil y no sucedía nada, no podía dejar de pensar que algo andaba mal y de que nunca podría ser madre.

Cosas que quiero aclarar:

  1. Es normal para una pareja que está teniendo sexo sin protección tomarse hasta un año para quedar embarazados.
  2. Al cumplirse el año de relaciones sin protección y no haber embarazo se habla de infertilidad y se recomienda asistencia médica (o a los 6 meses dependiendo la edad).
  3. Mi proceso no fue tan largo como el de otras parejas, pero tenía circunstancias que lo hacían difícil a pesar de no haber llegado al diagnostico de infertilidad.

Para Diciembre yo estaba ya hecha un desastre. Esperaba que fuera mi regalo de navidad y nada.
Para Enero lo esperé como regalo de cumpleaños y nada.
Para Febrero como regalo de San Valentín y nada.
Mi depresión estaba atacando en su máxima expresión. Cada retraso seguido de la llegada de mi menstruación era como un puñetazo en el estomago.
Pasaba los cinco días que dura mi período tirada en la cama y había empezado a crearse cierta tensión entre mi esposo y yo pues él sentía que “no me estaba dando lo que yo quería” y me veía tan mal.
Y cada vez que la gente preguntaba el molesto: ¿y el bebé para cuando? O aconsejaban “no esperar demasiado” era como si me estrujaran el corazón.
Para Marzo ya era como una tarea tener relaciones en mi período fértil. Y no me malentiendan, durante el resto del ciclo estábamos de los más bien, nuestro deseo intacto y todo muy bien, pero al llegar justo esos días de las bolitas rosas en mi calendario era como si nos estuviésemos preparando para una batalla.
Para esta fecha le sugerí a mi esposo el que también empezara a tomar ácido fólico, porque hasta ahora nos concentrábamos únicamente en mejorar mi salud y no habíamos hecho nada para mejorar la calidad de sus espermatozoides. Él hizo caso a mi consejo sin dudar.
Durante todos estos meses había seguido todo consejo que creyera útil, leído cada artículo posible, mis libros de ginecología y obstetricia. Probado casi toda aplicación para controlar el ciclo existente.
Y entonces llegó Mayo, con el estaba más cerca el que se cumpliera mi mayor miedo en todo el proceso, el diagnóstico de infertilidad. Estábamos a nada de cumplir el año tratando de concebir y no había ningún embarazo a la vista.
Para este punto yo ya estaba obsesiva con calcular las fechas y todo. Empecé a sospechar que estaba teniendo ciclos anovulatorios a pesar de estar viendo todo los síntomas que me sugerían la ovulación estaba teniendo lugar.
De pronto estábamos en Junio otra vez, nuestro último mes antes de tener que hacernos a la idea de que tendríamos que buscar ayuda, y me dije: dado que es el último chance antes de aceptar que no estamos entre la “norma” que puede conseguir el embarazo en el primer año, vamos a tomar medidas más drásticas para yo poder comprobar algo.
A pesar de que yo me había puesto muy intensa con lo de seguir mi ciclo y anotar cada síntoma, cada detalle, había cosas que yo decía, no ya eso sería too much. Demasiado trabajo y solo me obsesionaría más, pero ese mes decidí que lo intentaría.
Y eso fue tomar mi temperatura.
Descargué la aplicación FertilityFriend por segunda vez en mi TTC Journey y me dispuse a tomar mi temperatura cada mañana recién me levantara para poder determinar mejor qué estaba sucediendo con mi ciclo y cuando estaba ocurriendo realmente mi ovulación, si es que estaba ocurriendo.
Además mi esposo acordamos tener sexo CADA noche durante TODO el mes. Nos dijimos que si estaba ovulando en algún punto, esta vez no íbamos a perderlo.

Y sorpresa, sorpresa: ¡FUNCIONÓ!

DESCUBRIENDO MI EMBARAZO

Tras dieciocho días de temperatura elevada luego de mi supuesta ovulación estaba lista para hacerme una nueva prueba de embarazo.
Tenía las esperanzas renovadas. Estaba segura de haber visto el sangrado de implantación. Cada célula de mi cuerpo me gritaba: ¡Estás embarazada!
Llegó Julio y tenía planeado hacerme la prueba el segundo día de Julio, un sábado, sin embargo esa mañana no tenía ninguna prueba en casa. Mi esposo me compró dos pruebas para alrededor del mediodía, pero dado que lo ideal es hacerlas con la primera orina de la mañana decidí que la haría a la mañana siguiente.
Ese día tenía una reunión con mis amigas y mientras me arreglaba para recibirlas vi con tristeza un leve sangrado.
Dado que ya había visto lo que creía era el sangrado de implantación, todo lo que pude pensar en ese momento es que a final de cuentas no estaba embarazada y mi periodo estaba por llegar.
Así se los dije a mis amigas esa noche y hasta lo tomé con resignación.
Mi esposo y yo también tuvimos una charla y le expresé mi deseo de no buscar ayuda de inmediato y mejor tomarnos una pausa en la búsqueda. O no tanto tomarnos una pausa sino regresar a la postura inicial de “si sucede, sucede”. Pensaba que no era lo más sensato pensar en empezar algún tratamiento que evidentemente tendría su costo cuando solo él estaba trabajando y ya de por sí los niños implicaban un gasto.
Hacer una inversión en tratamientos de fertilidad para luego, de ser exitosos, tener que enfrentar los gastos que conlleva cuidar de un bebé, con un sólo ingreso en la casa me parecía una locura.
Pensamos que lo mejor era que buscara un trabajo y luego viéramos.
Aún con lo alejado que era eso de nuestros planes originales, no me sentía tan mal como pensé lo haría. Por alguna razón me sentía tranquila.
Recuerdo me fui a dormir con un solo pensamiento: Estaba segura de que esta vez sí era.
Y ni siquiera recuerdo haber pensado en ello sintiéndome decepcionada ni nada. Solo como señalando un hecho.
A la mañana siguiente, el primer domingo de ese julio, me levanté bien temprano y lo primero que pensé fue “hazte la prueba”.
Y traté de convencerme a mí misma de que no valía la pena, de que solo estaría gastando en vano una prueba de embarazo. Aún así no pude acallar el comando en el fondo de mi mente y al final cedí.
Tomé una de las pruebas. Me dije: “la haré para salir de dudas y así quedarme tranquila”.
¡Y vaya que salí de dudas!
El positivo se marcó incluso antes de que pudiera pensar en dejar la prueba sola por unos minutos. Fue instantáneo el resultado.

¡ESTABA EMBARAZADA!

Mi sueño era una realidad, iba a ser mamá.
Pero las cosas no iban a ser color de rosa en el embarazo tampoco, ese sangrado que me hizo pensar que otro mes había pasado sin ver cumplido mi deseo realmente no era sangrado de implantación…

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Publicado por Haidelis Montero

Escritora. Egresada de la Facultad de Medicina de la Universidad Iberoamericana (UNIBE). Aparte de escribir, mis pasatiempos favoritos son leer y escuchar música. Me he convertido en madre recientemente y es otra faceta de mi vida que estoy disfrutando enormemente.

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